El budismo enseña que la vida es eterna y que la existencia que vivimos actualmente constituye una etapa de transición. Desde esta perspectiva, la muerte no representa un final, sino un paso hacia una nueva existencia.
La preparación para la muerte se basa en una actitud serena y positiva, cultivando la calma mental y el desarrollo espiritual.
Asimismo, el budismo promueve una vida amorosa, compasiva y responsable con todos los seres vivos. Al comprender que la vida es fugaz, se busca afrontar la muerte sin miedo cuando llegue ese momento.
Debido a la importancia espiritual de la muerte, cuando un budista se encuentra próximo a fallecer puede solicitarse la presencia de uno o varios monjes para acompañar el proceso mediante oraciones y recitaciones, procurando que el tránsito hacia la siguiente existencia ocurra con paz y serenidad.
Esta es considerada una muerte ideal dentro del budismo, ya que permite vivir conscientemente el proceso de despedida.
Los budistas entienden la muerte como un acontecimiento natural e inevitable, por lo que procuran aceptar la partida de un ser querido desde esta perspectiva espiritual.
Tradicionalmente, se acostumbra leer el Libro Tibetano de los Muertos a la persona que está por fallecer o que ha fallecido recientemente, con el propósito de acompañarla durante el bardo, el estado intermedio entre una vida y la siguiente.
Según esta tradición, el bardo tiene una duración de 49 días, período durante el cual familiares y amigos realizan ofrendas de alimentos y bebidas como muestra de respeto y recuerdo hacia el fallecido.
El tratamiento del cuerpo puede variar según la escuela budista y las costumbres de cada país. Sin embargo, la cremación es una de las prácticas más habituales, ya que simboliza la liberación del espíritu respecto del cuerpo físico.
¿Cómo se realiza un funeral budista?
Las ceremonias budistas pueden variar según la tradición, la escuela y el país donde se celebren. Sin embargo, de forma general, suelen incluir los siguientes elementos:
- Uno o varios monjes determinan la fecha de la ceremonia funeraria.
- En algunas tradiciones, el cuerpo permanece durante varios días en el domicilio familiar o en una sala velatoria, mientras los monjes realizan oraciones diarias.
- Es habitual colocar una fotografía del fallecido junto a velas e incienso.
- Los asistentes suelen vestir ropa de colores sobrios, generalmente negra, blanca o de tonos oscuros.
- Durante la ceremonia se ofrecen bebidas o alimentos a quienes acompañan a la familia.
- Finalizado el período de velatorio, se realiza la cremación. Los monjes dirigen las oraciones y los asistentes pueden participar si así lo desean.
- El ambiente suele ser sereno y respetuoso. En muchas comunidades se procura recordar la vida del fallecido con tranquilidad, evitando manifestaciones excesivas de desesperación.
- En algunas tradiciones se organiza una procesión acompañando el féretro hasta el templo o el crematorio.
- Familiares y amigos pueden realizar ofrendas destinadas tanto a la familia como a la comunidad monástica.
- Algunas familias preparan un pequeño libro o recuerdo con la biografía, enseñanzas, poemas o pensamientos del fallecido para compartir con los asistentes.
- Durante toda la ceremonia es habitual el uso de incienso como símbolo de respeto y purificación.
- Aproximadamente cien días después del fallecimiento, algunas tradiciones celebran una ceremonia adicional en la que se realizan las oraciones finales y se efectúan nuevas ofrendas a los monjes.
- La ceremonia concluye, en algunas escuelas budistas, con el rito de verter agua bendita sobre la tierra como símbolo de mérito y bendición.
Rituales de luto en el budismo
Las prácticas de duelo varían según la escuela budista, la cultura y el país donde se practique esta religión. Por ello, no existe un conjunto único de normas aplicable a todos los budistas.
Tras la cremación, las cenizas pueden conservarse, depositarse en un cementerio, colocarse en un columbario o esparcirse en un lugar permitido, de acuerdo con las preferencias de la familia y la legislación vigente.
El período de duelo puede extenderse hasta 90 días o más, dependiendo de la tradición budista y del vínculo que unía al fallecido con sus seres queridos.
Aunque el budismo entiende la muerte como una transición y no como el final definitivo de la existencia, es completamente aceptado que familiares y amigos expresen tristeza y dolor por la pérdida.
En muchas comunidades budistas, durante los primeros días posteriores al fallecimiento un monje visita a la familia para ofrecer enseñanzas y oraciones.
También es frecuente que, alrededor del séptimo día, familiares y amigos se reúnan en el templo para celebrar el primer servicio conmemorativo.
Posteriormente pueden realizarse nuevas ceremonias al cumplirse un año del fallecimiento y, finalmente, durante el tercer aniversario, momento en el que algunas tradiciones consideran concluido el período formal de luto.
En determinadas escuelas budistas también se recomienda, durante el primer año, llevar una vida sencilla y moderada, evitando en lo posible celebraciones o actividades especialmente festivas.
Respecto a la vestimenta, no existe la obligación de vestir de negro. Habitualmente se recomienda utilizar ropa sencilla, de colores sobrios y sin adornos llamativos.