MANUEL GUERRERO
Amigos y Condiscípulos de la FUNDACIÓN LOGOSÓFICA DEL URUGUAY con profundo recogimiento y sincero afecto recordamos al discípulo Manuel Guerrero, quien desde la filial Paraná supo ofrecer a la Obra del Maestro una colaboración constante, generosa y silenciosa, caracterizada siempre por su espíritu fraterno y su disposición a servir. Colaborador infatigable. No limitó su acción al ámbito local de su filial, sino que extendió su presencia y su amistad a múltiples lugares del mundo logosófico, viajando y participando activamente allí donde la Obra requería su concurso. En cada encuentro dejaba la impronta de su cordialidad, de su entusiasmo por la enseñanza y de su sincero interés por fortalecer los vínculos entre los discípulos. Quienes lo conocieron recuerdan especialmente su cualidad de sembrador de amistades. Su trato afable y su actitud abierta que facilitaban el acercamiento entre las personas, creando un ambiente de confianza y armonía que favorecía la colaboración en las tareas de la Obra. En su vida familiar encontró también un sólido acompañamiento. Su esposa, María Inés, y sus hijos, Joaquín y Jimena, junto con sus familias y nietos, han compartido y continúan compartiendo una participación activa en la colaboración logosófica, prolongando así un espíritu de dedicación que Manuel supo cultivar en su hogar. Hoy su recuerdo permanece vivo entre quienes tuvieron la dicha de compartir con él jornadas de trabajo, viajes, reuniones e intercambios fraternos. Su ejemplo de colaboración desinteresada y su capacidad para unir voluntades quedan como un testimonio valioso dentro de la vida institucional. Con gratitud por todo lo que brindó, acompañamos con afecto a su familia y a todos quienes lo apreciaron, manteniendo presente la memoria de un discípulo que supo servir a la Obra con noble sencillez y sincero espíritu de amistad.